Edad Romana

Para terminar esta serie de artículos introductorios y aproximación a la arqueología de Orellana la Vieja y su entorno más inmediato, pasaremos a describir el yacimiento romano más importante de la zona del embalse de Orellana, situado en el paraje de Cogolludo.

Es conocido desde hace tiempo, sobre todo a raiz de las obras de infraestructura para la construcción del puente sobre el Guadiana que comunica ambas márgenes del río en una zona de estrangulamiento de su cauce en el Peñón de Cogolludo. Sabemos de la existencia de varios vados anteriores a la construcción del pantano de Orellana, lo que explica la excelente situación del asentamiento para el control del río y sus pasos naturales hacia oriente en busca de la zona minera de Almadén y Sierra Morena.

En 1981 a solicitud del Museo Arqueológico Provincial enviamos un informe, D. Mariano Sanz Gallardo y el autor de esta líneas, explicando la situación del yacimiento y una relación de materiales que sabemos fueron sacados cuando se construyó el puente ya mencionado y otros que pueden observarse in situ.

Es en 1983 cuando arqueólogos del Museo de Badajoz[2] se desplazan a Orellana y les acompañamos para mostrarles los restos que estamos citando. En conversación anterior con D. José María Álvarez Martínez, director del Museo Arqueológico Provincial[3], nos indicaba la posibilidad de que el yacimiento de Cogolludo correspondiese a la ciudad romana de Lacimurga, lo que nos movió a buscar referencias en la fuentes antiguas y recopilar bibliografía sobre dicha ciudad. A resultas de ello este yacimiento ofrece referencias suficientes para hacer un más amplio trabajo de lo que aquí apuntamos sobre él. (Es nuesta intención afrontar esa tarea próximamente junto a Luís Alonso Rubio Muñoz).

También Desiderio Vaquerizo Gil, del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Córdoba, se encuentra trabajando sobre él para incluirlo en su tesis de licenciatura que versa sobre Arqueología de la Siberia Extremeña.

Para la descripción del yacimiento mencionaremos la referencia que sobre Cogolludo hace J. J. Enríquez Navascués en su artículo, ya citado en la primera parte de este trabajo[6] (ver MAISERRANA nº 12), sobre los asadores de bronce y estela de Orellana: También restos protohistóricos se sitúan en Cogolludo, junto al pantano, muy cerca de donde apareció la estela, pero sobre todo son impresionantes en dicho lugar los restos romanos.

Junto a multitud de tégulas, ladrillos, sillares, fragmentos de sigillatas, paredes finas, barbotinas, comunes, monedas tanto ibéricas como imperiales, restos de basas y fustes, etc., destaca una gran alberca de dimensiones muy considerables con recubrimiento interior de opus signinum e importantes restos de muros en otros lugares, bastante bien conservados, algunos posiblemente prerromanos.

El lugar domina dos antiguos vados del Guadiana, hasta hace poco tiempo utilizados y hoy cubiertos por el pantano de Orellana, que comunicaban de una parte con la zona de Cabeza del Buey y de otra con la de Campanario-Quintana-Zalamea de la Serena. Quizás los impresionantes restos de Cogolludo haya que identificarlos con la antigua ciudad romana de Lacimurga a juzgar tanto por los restos en sí como por su situación geográfica, hoy algo desfigurada por las aguas del pantano que cubren parte del yacimiento.

Una muestra de materiales recogidos en superficie, de los que se citan anteriormente, pueden estudiarse en el C. P. “Santo Domingo”, a los que tenemos que añadir abundantes muelas circulares para cereales, un trozo de piedra caliza esculpida que suponemos pertenece a alguna estatua, así como un sarcófago tallado en piedra que se conserva en la casa de Confederación Hidrográfica del Guadiana en Orellana y que según nuestras noticias procede de Cogolludo de la época en que se realizaron las obras del puente.

También por referencias orales tenemos noticias de que aparecieron ánforas, monedas, fíbulas, urnas de incineración, etc., que no sabemos donde permanecen en la actualidad aunque nos han apuntado hacia el personal técnico que en su día realizó las obras en la zona. Recientemente hemos podido ver una lucerna en muy buen estado de conservación procedente de Cogolludo encontrada en 1959 y que conserva un vecino de Orellana.

Citemos algunas de la referencias que sobre Lacimurga hemos localizado. En las fuente antiguas el más explícito es Plinio aunque contradictorio como luego veremos; así mismo pueden ayudarnos Strabon y Ptolomeo.

En cuanto al repertorio bibliográfico, Hübner[11] cita el texto epigráfico dedicado al Genio de Lacimurga. La importancia de la inscripción es bien patente para situar el yacimiento, pues apareció sobre 1850 en la zona de Cogolludo y según Hübner se encuentre en la localidad de Navalvillar de Pela, aunque aún no hemos podido verla.

El texto epigráfico es:  GENIO. LACI /  MVRGAE  /   NORBANA  /  ILA. NOR / BENSIS

La traducción podría ser: Al Genio de Lacimurga/ Norbana Quintila, hija de Quinto, de la familia de  los Norbenses.

  1. Vives[12] recoge la misma inscripción como lápida romana de Puebla de Alcocer. Es difícil asegurar si apareció en el término de Navalvillar de Pela o en el de Puebla de Alcocer por ser el yacimiento de Cogolludo donde hacen límite ambos términos municipales[13].

Más referencias a la inscripción pueden verse en el P. Fita.  En cuanto al oppidum Lacimurga se encuentran referencias, además de las ya citadas, en los Códices Leidense, Riccardiano, Parisino y Vindibonense.

Las discrepancias entre historiadores surgen a la hora de situar geográficamente la ciudad Lacimurga.

 

  1. Tovar[17] sitúa Lacimurga en la Bética –dando otras referencias, algunas distintas a las ya enumeradas en esta reseña bibliográfica– y junto con Galdsterer[18] piensan que Lacimurga es Lacinimurgi Constantia Iulia, que cita Plinio (III, 14), lo que les induce a considerarla con categoría de municipio romano desde la época de César quien pudo incorporarla a la Bética como agradecimiento por los servicios prestados por esta ciudad a César, al igual que consiguió la categoría de municipium romano por esta razón.[19]

Este desacuerdo entre historiadores está motivado fundamentalmente por la imprecisión de las fuentes, pues mientras Ptolomeo (III, 5, 7) la cita como Lakonimourgi y adscrita a los vettones; Plinio (III, 14) la sitúa en territorio de los celtici. A partir de ahí Roldán Hervás[20] disiente de Hübner, Bosch[21] y de los ya citados Tovar y Galdsterer, manteniendo que Lacimurga solo hay una. Las razones que aduce Rodán Hervás se basan en Plinio (III, 13 y IV, 118), interpretando esos párrafos como que existe en la Lusitania una ciudad que ya ha citado con el mismo nombre, mientras que en el primero de dichos párrafos (III, 13) advierte que existen ciudades en Lusitania que son homónimas a las que va a nombrar y por ello hay que distinguirlas con un apelativo. La lápida, además, del Genio Lacimurgae ha aparecido en la orilla derecha del Guadiana fuera del territorio de la Bética. Por tanto, hay que admitir –así piensan también Müller[22] y Albertini[23]– dos ciudades diferentes, una Lacimurga en el país de los vettones y además en sus límites, casi en la frontera con la Bética; y otra, de cognomen Constantia Iulia , en la Bética, que se identifica con Constantina en la provincia de Sevilla. Hasta aquí la cita de Rodán.

No obstante, en estudios posteriores, como el ya citado de A. Tovar: tenemos que  rechazar la vieja identificación con Constantina (en Ceán, p. 263 y ss, y aún en Cat. Sevilla 2,333), rechazan la teoría de Roldán aunque sin argumentos (al menos no los hemos podido estudiar) que nos ayuden a tal fin.

Particularmente nos inclinamos por considerar el yacimiento de Cogolludo como Lacimurga, la de Plinio,  por no existir acuerdo  unánime sobre la determinación de fronteras de las provinicas romanas en algunos puntos, añadiendo además otra argumentación que hemos podido constatar sobre el terreno y es que aunque la parte más visible y llamativa de los restos arqueológicos están en la orilla derecha del Guadiana, en su margen izquierda también pueden observarse restos de construcciones en una extensión bastante considerable. Esto hemos de apoyarlo con una razón más, cual es la existencia en el lado izquierdo del río de una gran necrópolis, a escasa distancia de Cogolludo, que ya citábamos en la segunda parte de este trabajo[24]. Dicha necrópolis de las Setecientas queda al lado de un camino que vadeaba el Guadiana poco más abajo de Cogolludo, pero que aún hoy pueden verse restos en uno de los islotes del embalse que dominaría el lado derecho del río.

Así pues, si Lacimurga se extendía por ambas márgenes del Guadiana encontramos comprensible el desacuerdo sobre determinar si pertenecía a una u otra provincia romana de las que el cauce fluvial era su frontera.

Habrá que esperar a la excavación sistemática[25] del yacimiento para salir de dudas a partir de los materiales que puedan encontrarse y entre los que es posible que la epigrafía que aparezca nos pueda aclarar el problema planteado. Plan de excavaciones que por otra parte es necesario debido al intenso saqueo a que está siendo sometido el yacimiento, incluyendo el uso de detectores de metales por “buscadores de tesoros” que con su actitud destruyen ese libro de hojas perecederas que es todo yacimiento, pero que es posible leer e interpretar por los arqueólogos profesionales.

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