El Culebrón

Definir el concepto de tradición nos resulta fácil y en consecuencia más aún determinar sus límites, la Real Academia define como aceptada la de comunicación o transmisión de doctrinas, costumbres o ritos, hechos de padres a hijos al paso de los tiempos y de generaciones.

No debe alarmarse la plebe callejera, ni contentar las personas que siguen esas largas e insulsas series de televisión a las que llaman culebrones, ya que mi artículo irá basado en una antigua tradición de nuestro pueblo; por desgracia Orellana pierde a pasos agigantados sus costumbres y al mismo tiempo su identidad. Esta identidad está decayendo tanto que a no ser por algunas personas cultas que se mueven contra viento y marea, Orellana se convertirá en un “verbajo” de mezclas de costumbres que traen de más allá, las que forzosamente para sobrevivir tienen que emigrar de nuestra localidacd.

El Culebrón al que me refiero es esa enfermedad tan latosa que de vez en cuando le aparece a una persona caracterizada por unas vejigas rojo-amarillentas y que según quien las padece además de altas fiebres suelen ir acompañadas por intensos picores. Estas ampollas, si no se curan van extendiéndose gradualmente y, en consecuencia, la subida de la fiebre y picores. La variedad de herpes son muchos y pensando que sería largo y aburrido hablar de todos, por eso omito los nombres cientificos, quedando éstos para la medicina y sus doctores.

Pero vamos allá con la tradición. Cuando una persona se “ponía mala” y sabiendo que era el Culebrón. tenía que entrevistarse con otra que supiera rezarlo (no todas sabían el rezo) solo algunas eran conscientes metódicas e inteligentes, como para saberse el rito y  a retaila de la oración que tenía que rezar durante nueve días sin equivocarse, ya que una equivocación haría que resultara inútil.

El rezo debía practicarse siempre a la misma hora, pero ya de antemano se proveía de nueve trocitos de hinojo, rezaba un padre nuestro con su Ave María, después decía la siguiente oración durante nueve veces al mismo tiempo que se apartaba un trocito de hinojo por cada oración.

San Pedro estaba en su Ermita, la Virgen María, por alli paso. Y le dijo: San Pedro, iqué estás haciendo? – Rezando el mal de la culebrilla, sal culebrilla, sal culebrón, que salga del cuerpo del/ la hermanalo… (se decia el nombre del enfermo/a). Que salga con rabo y todo.

Después se quemaban los trocitos de hinojo. mientras se rezaba un Padre nuestro y una Salve. Bien, aquí tenemos un rezo y un ritual que pocos entienden, pero que daba buenos resultados, sólo había un pequeño problema, el enfermo no podía estar medicándose, pues si lo hacía el rezo resultaba inútil.

Victor Sanz

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